Del congreso animoso a Jácome en reposo

 
 
 
 
 
Del 14 al 20 de Marzo de 2016
 

Nada más anunciar Baltar Blanco para el 16 de abril el congreso del PP de la capital, el PP capitalino ha empezado a hervir. Y ya hay dos que se postulan para encabezar el comité más numeroso de todos los de esta provincia. Y ya está claro que todo lo que no ocurrió en el congreso provincial del pasado 5 en el Paco Paz puede ocurrir en el del 16 del mes que viene en el Salón de Actos del Conservatorio de Música. A la candidatura de Jesús Vázquez, liderando otra vez los designios de Santiago, ya le ha aparecido competencia en Miguel Abad liderando aún no está demasiado claro qué. Y hay quienes dicen que podrían no ser los únicos aspirantes a la presidencia del Comité Local del PP ourensano.

Si en el Concello los Vázquez, Jesús y el otro, no tienen nada que ver, en el PP de la capital los Abad, Jesús y Miguel, tampoco. Queda por ver si Miguel Abad acabará por representar la corriente de Baltar, porque a Rosendo Fernández no le ha avisado todavía nadie y no parece que se cuente con él. Aunque ya veremos. El aparato ourensano del PP siempre ha sido capítulo aparte, lo sabía bien Baltar Pumar, José Luis, que pensó un día que Poly Novoa le solventaría la papeleta después de tener sometido al ostracismo más absoluto al Comité Local del partido, y luego la componenda le salió rana de carajo. Hubo de llamarle al orden Manuel Fraga a él y a Cacharro Pardo en Lugo y ceder primero este último para permitir su constitución, y cuando Baltar Pumar pensó que desaparecido Cabezas de la alcaldía de Ourense ya no había peligro, Poly Novoa le salió más respondón de la cuenta. Para la estructura conceptual en la que el veterano presidente y padre del actual asentaba su mando, la capital fue siempre un problema. Por eso José Luis Baltar asentó el partido y su hegemonía en el PP del resto de los concellos sobre el de la capital. Y no se cortó a la hora de no concederle al Comité Local del PP de esta ciudad fe de vida no dejando siquiera que existiera. No existía, luego no podía estar en el Comité Provincial. Todo esto viene de viejo, de atrás. Es posible que aún quede mucho resquemor entre los populares ourensanos. A ver cómo ahora lo resuelve el sucesor del barón.

De paso, la presidenta de Nuevas Generaciones, Jackeline Elizabeth Fernández Macías (peculiar combinación de nombres de esta ascendiente de Castrelo de Miño), ya ha anunciado que ella no se presentará a la reelección para dejar paso a la renovación en el partido. Otra cosa será la renovación en listas de las próximas autonómicas, donde es probable que aspire a estar más arriba de lo que hace cuatro años. Aunque en el PP nunca hay que desesperar, el caso es estar, más si se tiene en cuenta que de la lista de 14 de 2012 hoy sólo quedan dos para conseguir que todos llegaran al Parlamento de Galicia. La lista del PP es como la plantilla de esos grandes equipos que como lo juegan todo y llegan a todas las finales, es posible que siempre acabes jugando algún partido.

En tanto este lunes Jácome vuelve a convocar. El de Democracia Ourensana ya parece hecho a la idea de que la censura llegará cuando tenga que llegar, pero que eso no dependerá de él porque serán los socialistas los que marquen los tiempos y la fecha. Y eso parece tranquilizarle y disipa un poco su ansiedad por conseguir la alcaldía, su principal problema desde que empezó este mandato. Después de todo el propio Jesús Vázquez siempre le aconsejó bien en esto: las prisas son malas consejeras. Ahora consultará sobre la posibilidad del Pleno extra en el que pedir a Vázquez que dimita, que se vaya y que deje paso al siguiente. Muchos dicen que eso es una memada. Y el propio Jácome admite que "no tendrá consecuencias funcionales". Dicho de otro modo: si aquí no dimite nadie, cómo iba a dimitir Jesús Vázquez. Lo que no quiere decir que en otros tiempos (muy distintos) otros, como Jorge Bermello, lo hicieran para retirarse antes de que los retiraran. Pero eso fue hace muchos años, después de que López Iglesias, Peña-Rey, Norberto Tabarés y otros nos enseñaran que gobernar en minoría podía ser un ejercicio diario de consenso y, sobre todo, que podía ser posible en vez de lo que es ahora.

 
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