Pelea por lo que te han quitado

 
 
 
 
 
Del 18 al 24 de Enero de 2016
 

Previsiblemente, la semana que concluye deja para esta un asunto que tiene bastantes de los ingredientes que precisa cualquier frente de debate y discordia en esta ciudad, el de la venta por el Obispado de Ourense del Mosteiro de Santa Comba de Naves en el sitio de Palmés. La oposición ya ha dado claras muestras de que va a tirar del asunto y algunas claves de por donde dirigirá sus críticas. Y ello en una semana que ya se sabe que conviene no molestar a los titulares de las instituciones, ocupados como están todos los años por estas fechas en llevar a la Fitur las excelencias de Ourense que, una vez allí, lucen como aquí el resto del año no sabemos ver ni apreciar estos pailanes que somos los ourensanos. Qué sería de nosotros sin ellos.

Una de las claves del asunto es Palmés, el lugar donde radica el Mosteiro o lo que a día de hoy queda de él. Hace algunos años que uno tiene la sensación de que igual que A Ponte fue un sólido bastión del voto socialista de esta ciudad hace un tiempo, Palmés se convirtió en una especie de meca a donde ha mirado el socialismo porque de allí era su califa y allí acudía a menudo. Al quite los populares, decidieron bajarse del monte a Pepiño de Palmés, un chaval muy bisoño al principio pero con don gentes, abnegación y mucha cintura, lo que le permitió durar en política para aprender lo suficiente y resistir como ha podido. Y así, los vecinos de Palmés pudieron sentirse perfectamente representados en el Concello ourensano, donde había un Paco de Palmés para los socialistas y un Pepiño de Palmés para los populares.

Otro de los aspectos que no va a pasar desapercibido para la oposición, al contrario, harán toda la sangre que puedan, es que el ahora alcalde llegó a la Alcaldía de Ourense tras ser los últimos 6 años conselleiro de Cultura. Y el Mosteiro en cuestión, por mucho que no lo parezca, sería un Bien de Interés Cultural. Luego Jesús Vázquez no podrá quitarse de en medio con la facilidad que seguro querría, y la oposición tendrá argumentos para escarbar en el asunto. No le valdrá al alcalde, ni se le ocurra, cuestionar que las ruinas en que lleva años, décadas, convertido el Mosteiro, puedan ser un BIC, que ya se sabe que, muerto el perro, tiene dueño o nadie sabe nada del can dependiendo de donde fuera atropellado y por quién. En tal situación, ni a unos ni a otros convendrá echarse en cara que nada hicieron cuando pudieron y debieron por evitar esto, precisamente, que el Mosteiro de Santa Comba de Naves diste mucho, muchísimo, de ser lo que algún día tuvo que haber sido.

Si el asunto marcha por donde apunta, el caso tiene los ingredientes para proyectar en el Concello de Ourense la esencia del gallego, la idiosincrasia del ourensano: pelea por lo que te han quitado aunque tú lo hubieras despreciado. Lo pinten como les venga en gana, seguro que no dirán que Obispado de Ourense no ha vendido exactamente el Mosteiro de Santa Comba de Naves sino las ruinas en las que todos permitimos que se convirtiera (Obispado más, incluso); que nunca hasta ahora hicimos más que frenar esta misma operación hará dos décadas, para luego permitir que el monasterio siguiera esmorecendo; que ninguno de los que ahora reclaman lo hicieron para pedir estos últimos ocho años un trato digno para esta reliquia; que tampoco lo hicieron los vecinos de Palmés ni cuando su Paco era alcalde ni luego ni cuando cambió el gobierno; que nadie se acordó del BIC, de la Xunta de Galicia y de la cuota de responsabilidad de Jesús Vázquez como conselleiro de Cultura en la incesante desfeita del monasterio. Todos nos olvidamos, luego todos somos culpables. No recuerdo a nadie reclamar, a nadie. Esa es la tragedia de este pueblo, pelear por lo que ha muerto e ignorar lo que aún tenemos.

En tal escenario, preparémonos ahora para los sesudos debates plenarios, el ejercicio de retrotracción a la noche de los tiempos, un compendio de argumentos cogidos con pinzas para evitar lo inevitable, nuestra tragedia: que sólo es peor que lo que había que ahora nos lo han vendido. Todo lo demás, que le dimos la espalda y lo dejamos morir, ya no tiene remedio. En realidad, pelear porque nos lo han quitado.

 
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