Los sueños baratos
 
 
 
 
 
Del 9 al 15 de Noviembre de 2015
 

Más allá de aquí pero sin llegar a allá, en Santiago porque en Madrid queda en las cámaras esa especie de retén inexistente que son las permanentes, el Caso Baltar se movió en el Parlamento de Galicia lo que la oposición pudo, en Ourense la denunciante ratificó ante el Fiscal y salió abatida y llorando, se reunió el Comité de Ética pero para el ciudadano como si no se hubiera reunido y poco más que no sea que Baltar mueve ficha lo justito para volver a decir lo mismo, lo del "minuto uno". El pesado del anuncio repite hasta la saciedad que no tenemos sueños baratos...

Por medio se metió para aliviar al boss de la Deputación del lastre de la 505 y otras zarandajas, una especie de contubernio con tintes mafiosillos, sesudas investigaciones de Asuntos Internos (lástima de la DEA en esta película de barrio), polis presuntamente corruptos o corrompidos como a sólo un pardillo le podía haber ocurrido (eso vienen a decir los sindicatos), una vieja conocida de la colección de camellos de Covadonga... vamos, que si no tenemos sueños baratos qué no serán los vicios. Si la poli está que lo tira por la ventana, que el vértigo le sea leve al presidente de la Audiencia ourensana, lo que nos faltaba para completar el cuadro.

Apartado del mundanal ruido (suerte que tienen algunos), Jesús Vázquez mudó el sábado de camisa para enrolarse en el glamour del séptimo arte (aquello que inventara la señora de Cabezas ejerciendo de señora de Cabezas) después de salir de una maratoniana sucesión de magostos, baños de masas vecinales y el rifirrafe de la oposición por, supuestamente, no llevarles de fiesta. Aclaró que él no invita cuando es invitado si no le dicen que los lleve, que me parece muy razonable porque no tendremos sueños baratos pero aquí cada uno ha de pagarse su boleto. Y así parece haber quedado claro que sólo invitaron al que manda, como si fuera una novedad que aquí el que manda es el más guapo y el que cuenta los mejores chistes y te tocará cuando subas a la poltrona. Y ahí vamos.

A la moción de censura vamos. A la moción de censura que lleva habiendo desde el "minuto uno". A la moción de censura que aunque no ha habido no tardará en haber. A la moción de censura que ya está ahí, a ese boleto al que hay que seguir apostando porque lleva premiado desde el "minuto uno". El aprendiz de profeta que lleva predicando la buena nueva es incansable y contumaz, "está al caer", "no tardará", "ahora va"... Desde el Pabellón de Os Remedios hasta Praza Maior, un día tras otro, no deja de predicar en este tránsito que hace a diario en una y otra dirección, el advenimiento del cambio de gobierno en el Concello de la ciudad. Y empiezan a llegar las evidencias, el mal a mostrarse, como esa Xunta de Goberno del jueves que nos ha recordado que no es imprescindible la mayoría para poder gobernar con unos pocos apóstoles. Y no tardarán en llegar más evidencias. O la oposición en verlas, que para el caso de crear la necesidad es lo mismo. Estoy de la moción de censura del aprendiz de profeta hasta arriba, pero he empezado a empatizar con ella y no se por qué, si por la capacidad que tienen algunos para volverse bobos de remate en cuanto llegan a la política o por la capacidad que logran para creer en sus sueños. La última es que Barquero ya ha descubierto la luz y que ha empezado a caminar en la dirección adecuada. Y claro, esta pasada semana la moción de censura estaba ya mucho más cerca.

Al menos los suyos, deberían poner a buen recaudo la promiscuidad del concejal visionario hacia esa moción que lleva anunciando desde el "minuto uno" de este mandato, por si acaso. Porque de llegar a consumarse algún día, que tampoco se podría descartar, cualquiera de su partido, incluido el jefe, será tan poco líder como él se habrá convertido un gran profeta. Y entonces tendrán que ponerle un pedestal por no haberle puesto a tiempo un bozal. En tanto, en este lugar llamado Ourense plagado de cantamañanas empeñados en vendernos lo que se nos dio a todos para acabar ellos de escarallarlo por completo, descubrimos con absoluta y meridiana claridad que hay dos clases de ourensanos, los que no tienen sueños baratos y los que ya ni siquiera tenemos sueños.

 
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