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La herencia envenenada
 
Por GRINGO VIEJO
 
 
 
7 de MARZO de 2011: OURENSE DIXITAL

Renovar en el PP es tan difícil como aquello de hacer el amor en un Simca 1000. A estas alturas Baltar Blanco ya se habrá dado cuenta. Es una especie de herencia envenenada que le dejó su padre, Baltar Pumar.

Su padre, José Luis Baltar, lleva todo lo que lleva, cuatro lustros, basando la estructura de su partido en los mismos. De ahí que haya conseguido tener un partido en la provincia cuya estructura ha corrido paralela al envejecimiento de su población. Tiene no menos de dos docenas, y me quedo corto, de veteranos de guerra, alcaldes tan curtidos en los designios de sus respectivos concellos como las gentes hartas están de votarles.
En cambio, se les vota cada cuatro años indefectible e infaliblemente porque en la práctica totalidad de los casos el votante cree que no hay otra alternativa.
Esa ha sido una de las estrategias de Baltar Pumar.

La máxima del boss de puertas del PP para adentro ha sido siempre que el alcalde manda en su partido y en su concello. Lo que él dice y hace bien hecho está.
La máxima de Baltar Pumar cuando optó a presidir el PP fue que su fuerza estaba en los alcaldes, en su apoyo y en sus adhesiones.
Luego estaban los premios a modo de pluses por resultados. Por ejemplo, quien lograba borrar a la oposición de su concello y armar un gobierno monocolor tenía un escaño en la Deputación. Eso fue al principio, y aún así los hubo que nunca tuvieron ese premio, como el alcalde de Beariz, Manuel Prado. Pero estimuló a muchos y funcionó.

Digo esto porque la estructura del PP y el diseño de Baltar Pumar fueron siempre tan rígidos como primarios, pero también efectivos.
Baltar Pumar es de la generación de lo realmente eficaz, la eficiencia no le importa. Le ha bastado siempre con lograr sus objetivos, no exprimir las potencialidades de su partido. En realidad él y sus alcaldes llevan 20 años siendo el partido, el Partido Popular de Ourense.
En consecuencia, el partido ha madurado aún menos que los que llevan dos décadas largas dirigiéndolo. En el caso de estos es cuestión de aptitudes y de edad. En el caso del partido es ya una especie de artrosis degenerativa.

A estas alturas, Manuel Baltar, el hijo, debe ser consciente de lo difícil que es renovar en el PP ourensano. Mucho más allá, incluso, de lo que seguro se imaginó al principio.
Ha encontrado a una quincena de nuevos a los que puede considerársele como tales. Otros tantos encabezando no son en muchos casos más que eternos segundos a la espera de un milagro que, por fin, se ha producido. Caso de Elisa Nogueira en San Cibrao das Viñas.
Pero quedan también casos Pardellas en Melón, donde al jefe de tribu no se le ha ocurrido mejor cosa que poner a su señora al frente del poblado popular.
Estos detalles son los que denotan lo difícil que es cambiar las cosas en el PP aún cuando se esté en vías de hacerlo.

 
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