Los Campeones de Fomento

 
Por ELVIRA CUADRADO
 
 
 
26 de OCTUBRE de 2011: OURENSE DIXITAL

Gracias a una investigación de la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) hemos podido conocer la cara oculta del éxito de algunos empresarios ourensanos del sector de la construcción de obras públicas. Resulta que llevaban tiempo conspirando en la sombra para manipular contratos de obras públicas, obteniendo importantes beneficios a costa de los contribuyentes además de echar del mercado a competidores honestos.

Pero me preocupa que en todo este tinglado la inercia de los titulares –empezando por la nota de prensa de la CNC- nos fuercen a centrar la atención en los 47 millones de euros de sanción. Sin embargo, considero preocupante –escalofriante en plena crisis social- que, como dice el órgano de la competencia, sólo en 8 de las 14 subastas analizadas, se hayan causado perjuicios a los contribuyentes por 14 millones de euros, casi 2.400 millones de las antiguas pesetas.

Por otro lado, cuenta la CNC que “En total se han acreditado acuerdos para modificar las ofertas durante los años 2008 y 2009 en catorce licitaciones públicas …”. Es decir, pudo haber más acuerdos que no han podido acreditarse.

También hay que recordar que una de las empresas investigadas (EXTRACO) había sido sancionada en mayo de 2010 con una multa de 300.000 euros precisamente por obstaculizar la labor inspectora. El importe de la sanción alcanzaba sólo la mitad del importe máximo. Esta relativa benevolencia es justificada por la CNC con base en que “pueden existir dudas razonables de que la documentación hurtada estuviera relacionada con el objeto de la inspección”.

Muy probablemente la CNC no nos diga nunca cuál ha sido el monto total del perjuicio a los contribuyentes. Es una cuestión de oportunidad pues no es el momento de echar fuelle al movimiento de indignados ni de poner en evidencia la obsesiva política de recortes sociales en vez de cortarle las alas –al menos- a quienes ambicionan –y consiguen- más poder adjudicador que un ministerio de un Estado.

Cierto es que la corruptela de las empresas ourensanas sancionadas por la CNC es más elegante y sutil que la golfería de las altas jerarquías policiales celebradas en los prostíbulos de Lugo. Aquí no tenemos un Campeón que pueda dispararle el mismo día al presidente de la Xunta, al Ministro de Fomento, a un ex conselleiro del BNG y a un diputado del PPdG. Aquí los chinos no aprueban el examen de conducir sin saber ni papa del castellano. Ni tenemos a mano curas o alcaldes que nos puedan sacar de encima esas gravosas multas de tráfico. Ni de nada valen las técnicas más depuradas del vudú contra el sistema informático de los juzgados.

Aquí se vuela más alto. Nuestros personajes no buscan achuchones en las casas de vicio sino empujoncitos en los despachos del Ministerio de Fomento que es donde está la pasta. Y, para no abusar de las amistades, se prescinde de la solicitud electrónica del empujón para sustituirla por una táctica que exige más esfuerzo propio, algo de creatividad y acostarse con muchos competidores.

Así que varias empresas se juntan en alguno de esos restaurantes inaccesibles para la mayoría de los mortales, se juegan unas partidas al monopoly 3.0 en las que gana quien más dinero consiga joderle al erario público. A través de una red de sinergias y trabajo en equipo, deciden quiénes serán los adjudicatarios de grandes obras públicas. Acuerdan quién se lleva la obra –consenso puro y duro- y qué mínimas bajas presenta cada uno. Luego calculan cuánto se ingresa el ganador y cuánto debe pagar éste a los demás jugadores (justicia distributiva) sólo por participar (deportividad) y para que tengan la boca cerrada. La casa (Fomento) siempre pierde y acaba pagando por cada obra un importe mayor.

En el transcurso de esta reflexión forzada, me doy cuenta de que nos estamos acostumbrando a los nuevos lenguajes que desconocidos –como los llamados mercados- no están imponiendo. Los activos tóxicos tuvieron, entre otros nombres, el de fondos superestructurados. Tardamos años en darnos cuenta del envoltorio envenenado y cuando empezábamos a sentirnos engañados ya se habían hecho ricos a cuenta del lenguaje. Lo mismo pasa con este tinglado del asfalto. Le llaman conductas colusorias cuando tiene todos los perfiles de una conducta mafiosa.   

Valoro positivamente que la CNC no caiga en el mal gusto de darle nombres cursis a sus operaciones de investigación como Malaya, Campeón, Biblioteca, Astapa, ... Desconozco el procedimiento de bautismo de esas operaciones pero, visto el contenido de algunas y las conversaciones delatadas por las intervenciones telefónicas, hay nombres más apropiados como La madre que te parió, cabrón de m ....., chorizo, jetas, caradura, …

 
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Aquí se vuela más alto. Nuestros personajes no buscan achuchones en las casas de vicio sino empujoncitos en los despachos del Ministerio de Fomento que es donde está la pasta
 
     
   
 
Acuerdan quién se lleva la obra –consenso puro y duro- y qué mínimas bajas presenta cada uno. Luego calculan cuánto se ingresa el ganador y cuánto debe pagar éste a los demás jugadores (justicia distributiva) sólo por participar (deportividad) y para que tengan la boca cerrada. La casa (Fomento) siempre pierde y acaba pagando por cada obra un importe mayor
 
     
     
     
 
 
     
 
 
 
 
 
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