| |
Como parapetada
en ese montículo, bien poca cosa comparado con el San Mamede,
está A Ermida,
a mitad de camino
entre Prado y Rebordechao.
Aquí llegó
Romasanta
a finales de 1833,
y aquí estuvo a la procura del momento adecuado para asomar por Rebordechao.
El lugar idóneo
para dejar que el tiempo pasara.
Ampliar en Memoria
Cierta de una Leyenda |