LA ASTUTA HUÍDA A CASTILLA DE UN CEDACERO
El 9 de febrero de 1852, según a la postre conseguirían establecer las indagaciones judiciales y reconocería el propio Romasanta, “O do Unto” logró traspasar las fronteras del Reino de Galicia y salir a Castilla. Tardó más de medio año en conseguirlo, aunque ya durante la segunda mitad del 51 Romasanta había decidido desaparecer de aquellos escenarios donde la presión social sobre “O do Unto” se había hecho insostenible.
Su huída a Castilla fue otro ejercicio de astucia y paciencia, no exento de alguna que otra peripecia y alguna que otra también tentativa fallida.
El 10 de octubre de 1851 pasó Romasanta por la localidad de Montefurado con la intención de salir a Castilla. Aquí se encontró con un tal Luis Mondelo, con quien logró entablar conversación a pesar de no conocerlo, y saber que para salir del Reino de Galicia necesitaba papeles, pasaporte. Al no disponer de ello, “O do Unto” desistió y planeó una nueva estrategia.
Aguardó un tiempo prudencial, transcurrido el cual se presentó Romasanta en casa del tal Luis Mondelo. “O do Unto” le contó que su mala estrella le había llevado a cruzarse con indeseables que le habían robado el caballo y la cartera. Sin posible alguno para proseguir el camino de salida a Castilla, se le echaba encima el invierno, por lo que le pidió que le permitiera pasar allí una temporada, que sabría pagárselo con creces. Dijo a la postre el tal Luis Mondelo que no se mostró muy entusiasmado con lo que Romasanta le proponía, pero el caso fue que al final accedió.
Vuelta al principio otra vez: tampoco en esta ocasión a Romasanta le costó demasiado encontrar donde ganarse algunos jornales. Así fue tirando hasta primeros del nuevo año.
Llegado el mes de febrero de 1852 se decidió a atacar nuevamente su propósito de abandonar el Reino de Galicia. El día 7 de febrero del mencionado año, el buhonero apareció ya en las tierras de Conso, en Castiñeira concretamente. Había hecho un largo trecho cruzando las tierras de Trives y Manzaneda para llegar a O Val de Conso, y allí se dirigió a un tal Domingo Alonso, al que le pidió posada. Seguía Romasanta ocupándose en los jornales con los que se ganaba el sustento.
Fue entonces cuando planteó al mencionado Domingo Alonso la necesidad de prosperar algo más saliendo a Castilla en busca de mejor soldada, y le propuso que con el respeto y la estima que en el lugar se le tenía al tal Domingo Alonso, le avalara ante el alcalde de Vilariño de Conso para conseguir el necesario pasaporte. Según él, “O do Unto” no era ahora Manuel Blanco Romasanta, natural de Esgos y vecino de cualquier lugar que se terciara, sino Antonio Gómez, natural y vecino de la localidad de Nogueira en el municipio ourensano de Montederramo. Y decía ser también cedacero de profesión.
Con el respaldo del reputado Domingo Alonso, el buhonero contó en Vilariño de Conso al alcalde que no había podido conseguir el pasaporte allí donde debía, porque en Montederramo se habían agotado los impresos del necesario “Pasaporte para el interior de Reino“, que así se denominaba exactamente el documento. Aportaba un certificado que había sido expedido dos meses antes, el 6 de diciembre de 1851, a favor del mencionado Antonio Gómez, vecino de Nogueira, Montederramo, que avalaba la veracidad de la que “O do Unto” decía ser ahora su auténtica identidad. Lo firmaban el alcalde de Montederramo, Juan Francisco Rodríguez, y el secretario, Domingo Enríquez, con el ruego de que en el primer lugar de la provincia donde hubiera los correspondientes impresos, se le expidiera a Antonio Gómez el necesario pasaporte.
El 8 de febrero de 1852 Romasanta consiguió el documento, y al día siguiente salió del Reino de Galicia. 
Ni Montederramo tuvo nunca un alcalde llamado Juan Francisco Rodríguez, ni Domingo Enríquez fue su secretario, ni, a pesar de lo común de identidad escogida por Romasanta, en Nogueira de Montederramo había ningún Antonio Gómez.
Con paciencia y tacto, prudencia pero también notoria habilidad, Romasanta no solo había conseguido poner tierra por medio y salir de Galicia, sino que además no constaba que “O do Unto” lo hubiera hecho. Es evidente que quien había traspasado el territorio gallego había sido un tal Antonio Gómez de Montederramo, que ni siquiera tenía nada que ver con la venta ambulante sino con los cedazos. Si la justicia quería buscar a “O do Unto” debería hacerlo en Galicia. No constaba que él, Manuel Blanco Romasanta nacido en Regueiro, Esgos, y avecindado en los últimos años en las tierras altas de Rebordechao, se hubiera ido a ninguna parte.
Lo que a primeros de octubre del año anterior había supuesto un traspiés para Romasanta en su intento de abandonar Ourense, lo había convertido “O do Unto” en una excelente baza a su favor: ya podían buscarlo cuanto quisieran.
Su doble vida disponía ahora también de doble identidad.
Pero, paradójicamente, poco le iba a durar la dicha a Romasanta esta vez. |