“O HOME DO UNTO”

      Antes de que con sus declaraciones en el Juzgado de Verín Romasanta diera pié a convertirse en "El Hombre Lobo" de Allariz, el tendero fue a los ojos de sus paisanos "O home do Unto", "O Sacamanteigas". Y así se le recuerda todavía en numerosos pueblos de la montaña ourensana, donde no falta quien piense aún que el "El Hombre Lobo" fue otra persona y no todos aciertan con que "O Lobo da Xente" y "O do Unto" fueron la misma, Manuel Blanco Romasanta.
      Las historias que sobre éste llegan hasta nuestros días por transmisión oral, en largas noche de fríos inviernos al calor de las lumbres de las cocinas contadas por nuestros abuelos, se refieren a aquel ser inconcreto, quizá más monstruo que hombre, que igual se zampaba a las criaturas que a las mujeres cocía en enormes tinajas para sacarles la grasa. Ciertamente Romasanta acabó convirtiéndose en un recurso tan frecuente como espeluznante, manido relato de aquellos "fiadeiros" que a los más pequeños acababa por mandarnos a cama con el cuerpo caliente pero el alma helada, temerosos de que un ser así pudiera todavía vagar en aquellas noches por cualquiera de las "carballeiras", "fragas" y "outeiros" de nuestra Galicia.
      De cualquiera y de todas formas se le evocaba: "O home do Unto", "O do Unto" y "O Sacamanteigas", para el caso la misma cosa, el ser malvado que a mujeres y niños cocía vivos para separar de su cuerpo la grasa de todo lo que no lo era; "O Lobo da Xente" y "O Lobishome", para referirse a aquel que en las noches de plenilunio salía al encuentro, aquí igual de mujeres que de hombres, en cualquier camino de nuestra tierra.
      Como se ha dicho, Romasanta fue "O Lobo da Xente" y "O Lobishome" cuando empezó a ser "El Hombre Lobo de Allariz" es decir, nunca antes de que el 8 de agosto de 1842 comenzaran las actuaciones judiciales y prestara declaración en el Juzgado de Verín. Solo a partir de entonces, pero nunca antes.
      Hasta que ante los incrédulos jueces, letrados, facultativos y guardias Romasanta revelara el origen de su mal, maleficio o "fada", el de Regueiro y "O Manoliño" de Rebordechao era, entre las gentes que le habían conocido y aquellas que solo oyeran hablar de él, "O do Unto", "O Sacamanteigas".
      Ya en el caso de "Surtú" y las prisas con las que el tendero resolvió el asunto pendiente que suponía la segunda hija de la Rúa, María Dolores, se establecía la existencia de rumores insistentes en el sentido de que a aquellos que Romasanta decía haber llevado a servir a casas de ricos amos, tenía que haberles ocurrido lo peor.

      Pero para establecer con un mínimo de solidez una sospecha de este tipo, era preciso encontrar un por qué y un para qué, un móvil o cualquier explicación a los hechos por muy descabellada que ésta pudiera ser. Y fue así como surgió "O Home do Unto", "O do Unto" y "O Sacamanteigas".

 

      “la desaparición de tantas personas a quienes pública y notoriamente Blanco había llevado consigo con lisonjeros ofrecimientos de colocación, y de quienes no se había vuelto a saber si no por conducto del mismo; y la venta que éste había verificado de las prendas y efectos de las anteriores; había llamado fuertemente la atención de los vecinos de aquellos pueblos, cundiendo por todas partes un sordo rumor de que las mencionadas personas habían sido asesinadas”.
      INFORME INICIAL DEL MINISTERIO FISCAL AL RECIBO DE LA SENTENCIA DEL JUZGADO DE ALLARIZ POR LA AUDIENCIA DE A CORUÑA. CONSTA CON FECHA 17 DE JUNIO DE 1853, Y OBRA EN EL SUMARIO DE LA CAUSA

 

      El ansia de Romasanta por sacar unos reales hasta del último trapo de las víctimas lo habían llevado a cometer errores, muchos errores, muy parecidos todos y alguno de ellos de bulto. Como queda dicho, hasta las gentes de Laza había llegado una primera sospecha de que un tal José Gómez Edreira tenía una colcha a cuadros rojos, azules y verdes igual que la que tenía la más pobre de las García. Al buhonero se le había visto en los pueblos de Gabín, Paredes, Mazaira y otros de Montederramo, las fechas que, según él decía, estaría camino de Santander. La partida de Antonia Rúa y cómo ésta se deshizo de sus pertenencias, concluyó con una operación ante testigos tan legal y clara en principio como luego acabó plagándose de sospechas. Pero si aquella operación acabó siendo sospechosa por súbita, lo fue mucho más todo lo que siguió a las partidas de José y su madre, Josefa, la capa del mozo a hombres del cura de Rebordechao, la venta de las vacas de la de Laza en Tamicelas, los pañuelos de seda un delantal de la propia Josefa García...
      Fue así surgiendo entre aquellas gentes, sus propios vecinos y conocidos, la necesidad de dar con una explicación, un por qué, a las misteriosas desapariciones de aquellos nueve.
      Corría por entonces cual hecho cierto y reprobable, que en el vecino Portugal era muy apreciada la grasa humana, con la que los hacendados conseguían potingues con los que sus damas prolongaban la juventud y tersura de su piel, así como que dicha grasa, el sebo humano o unto como más se le conocía y se le decía en Galicia, era igual o todavía más apreciado en la botica portuguesa. Tan nauseabundo podía resultar el hecho como por verdad era tenido por entonces en estas tierras, donde se establecía que el auge del sebo era tal que en Portugal se trocaba a onza de oro: onza de unto por onza de ora. Y verdad era y de todos sabido, que en esta especie de segunda etapa de la vida del tendero que Romasanta había abierto cuando se avecindó en Rebordechao, el buhonero ya no hacía negocios con castellanos y leoneses, ni se proveía en la casa de Don Miguel Sardo de Ponferrada, sino en las de Don Francisco Morais y un tal Sr. Domingo de Chaves, a donde acudía con frecuencia, decía que a la procura de género, por las tierras de Laza y Verín.

 

      “Principiaron a decir que´o Manuel Blanco levaba âs mulleres engañadas, qu-as metía na serra, matábaas e sacáballes o unto pra ilo vender âs boticas de Portugal onde llo pagaban a peso d´ouro”
      (Empezaron a decir que Manuel Blanco llevaba a las mujeres engañadas, que las metía en la sierra, las mataba y les sacaba el sebo para venderlo en las boticas de Portugal donde se lo pagaban a peso de oro)
      VICENTE MARTÍNEZ-RISCO AGÜERO. DISCURSO DE INGRESO EN LA REAL ACADEMIA GALLEGA: EDITORIAL MORET, LA CORUÑA, 1971

 

De la rumorología en cuestión y de lo extendida que llegó a estar, da cuenta el hecho de que, cuando el 2 de julio de 1852, tres vecinos de Laza ocupados en las siegas denunciaron en tierras toledanas a "O do Unto", se refirieron ante el alcalde de Nombela a quien "tenia aterrorizada aquella comarca con las muertes de dichas personas; a las cuales, después de asesinarlas, tenía la crueldad de sacarlas el sebo o unto, que pasaba a vender a Portugal con un lucro excesivo".

 

      AUTO DE OFICIO DEL ALCALDE DE NOMBELA, PARTIDO JUDICIAL DE ESCALONA, TOLEDO. OBRA EN EL SUMARIO DE LA CAUSA.

 

      De vuelta a Rebordechao en la primavera de 2004, se constata de nuevo, intacta e imperecedera, la historia de "O do Unto". Faltan algunos de los que hace quince años dieron cuenta de la leyenda, pero resisten otros que la evocan perfecta y exacta, y escuchan otros más jóvenes que harán lo propio llegado su turno, seguro.
      Y cuentan estas gentes, vuelven a contar, que fue uno de aquí el que descubrió el engaño de Romasanta al toparse con "O do Unto" mientras cocía un pote en la sierra. Pese a que Romasanta le ordenó que de ninguna manera osara levantar la tapa de la vasija, el de Rebordechao aprovechó un descuido de " O do Unto" y lo hizo. Entonces se elevó por entre los borbotones que hacía el caldo al hervir, la mano de una mujer que el de Rebordechao no esperó a ver si podía reconocer preso del horror. Cuentan que corrió ladera abajo hasta el pueblo como si hubiera visto al demonio, y así lo contó a los padres, o quizá a los padres de los padres, de quienes todavía hoy lo siguen contando. Y dicen que así como aquel lo contó lo oyeron ellos y así lo cuentan.
      Y se cuenta también de otras formas en otros lugares, porque la historia tiene sus variantes y la leyenda es así de abierta e inconcreta casi siempre.