existiendo Petra que tendría por entonces entre 12 y 13. A principios de 1846 la amistad entre Romasanta y Manuela había fraguado en una relación amorosa.
Cuando Romasanta decidió restablecer su actividad principal y volver a los caminos con su tienda ambulante, Manuela y la niña acompañaban al buhonero. Los tres anduvieron en la venta de géneros por tierras no demasiado distantes a aquellas en las que se afincaban. Todo transcurrió con absoluta normalidad.
Pero en el otoño de aquel año, 1846, mientras la madre de Petra se había ido a vender algún género por su cuenta, su hija desapareció. Andaba en torno a los 15 años.
Cuando la García Blanco preguntó al buhonero por su hija, Romasanta le respondió que ya la había enviado a servir con aquel cura de la provincia de Santander del que le había hablado. Había tomado una determinación que la madre de Petra y el buhonero habían tanteado, como mínimo.
Y así tuvo que ser porque no solo la mujer no se inquietó demasiado, sino que poco tardó en querer marchar con su hija. Una semana después, solamente, Manuel García partió también para tierras santanderinas. Aquellas en las que tan buen acomodo aseguraba hallarlas el buhonero.
No fue así. Según luego relataría el propio Romasanta a la justicia, las dos, madre e hija, donde realmente hallaron "acomodo" fue en A Redondela, un paraje relativamente próximo al camino que une las tierras de Rebordechao con los pueblos de Gabín, Fontedoso y Mazaira, ya en tierras ourensansas de Montederramo, del otro lado de la Serra de San Mamede. Fue aquí donde dijo "O do Unto" tornarse lobo en sendas ocasiones, y con una semana de diferencia arrancar las entrañas primero de la niña y luego de su madre.
Corría el otoño de 1846.
La Manuela había nacido el 17 de Diciembre de 1799. Por poco era una mujer del siglo XVIII. Natural de la localidad de Castro, en el municipio de Laza, había nacido en el seno de una familia numerosa, hija de Vicente García y Rosa Blanco.
No se pudo precisar con exactitud cuándo llegó a Rebordechao, tierras mucho más altas y pobres que aquellas en las que había nacido, pero es seguro que esta nueva vecindad tuvo mucho que ver con su segundo matrimonio.
Manuela García había estado casada con un tal Pascual Merello. El matrimonio duró poco, pero si lo suficiente para que viniera al mundo una niña, Petra.
En Agosto de 1838, exactamente el 22, en la parroquial de Santa María de Rebordechao se leyeron las amonestaciones conciliares para contraer matrimonio Pascual Gómez con Manuela García. Otro Pascual, éste natural y vecino de Rebordechao.
A pesar de que ya para entonces Manuela contaba 38 años, un matrimonio fallido con lo que esto suponía en aquella época y una hija de entre 6 y 7 años, Pacual Gómez tal bailaba. Ya no era un mozo, precisamente, tampoco soltero sino viudo y, de su matrimonio con una tal Josefa da Rúa, había tenido una hija que falleció un año después que la madre. Curiosamente, este segundo Pascual en la vida de la García, había vuelto a las tierras de Laza a buscar nueva esposa, ya que de Correchouso era la primera.
Así fue como a finales del 38, se cree, apareció en Rebordechao la García Blanco.
Como quiera que tampoco este nuevo matrimonio habría de durar mucho, sobre 1845 sentenciaron los paisanos que "O Manoliño”, como todavía en Rebordechao algunos llaman a Romasanta, empezó a hacer vida con la García Blanco.
Aquel sí iba a ser su último hombre, y aquellos los últimos días de su vida.
El bosque o "fraga" de A Redondela, es un paraje de la Serra de San Mamede en la zona intermedia de la cara de la montaña que da al Concello de Montederramo. A Redondela es además un escenario muy próximo a otro paraje, As Gorvias o Gorbias donde, como se verá más adelante, consumó Romasanta otras muertes.
Aunque actualmente ambos parajes se hallan atestados de vegetación y maleza, en su día fueron frondosos y sombríos bosques de robles y acebos por los que discurrían los caminos que a través de sierra enlazaban con las tierras de Montederramo y Queixa. De hecho, cuando el Juzgado de Verín practicó la primera ampliación de la indagatoria sobre el caso, Romasanta dijo haber consumado la muerte de Manuela "en unión de los compañeros entre Rebordechao y Santa Cruz, donde hay muchos acebos" .
Santa Cruz es localidad de Chandrexa de Queixa por la que los caminos de la sierra bajaban al río y entraban definitivamente en territorio queixalao. Caminos, lugares e incluso recovecos que Romasanta dominaba bien igual de día que de noche.
Ya para entonces, al menos dos de las hermanas de Manuela habían mostrado mucho interés por los acomodos y la prosperidad que el tendero ofrecía. Hasta las tierras de Laza no descuidaba llegarse Romasanta con buenas nuevas de sus dos primeras colocadas, madre e hija. Era suficientemente inconcreto en aquellos aspectos que podían resultar comprometedores a su montaje, y siempre supo componérselas bien para salir del paso sin levantar mayores sospechas. Al menos en principio. Benita y Josefa pasaban a engrosar una especie de lista de espera de las García Blanco para acompañar a la primera hermana, respecto a lo cual Romasanta tenía siempre la última y definitiva palabra.
Como queda dicho, a Manuela no extrañó la partida de su hija porque ella y Romasanta estaban en el asunto, de lo que da prueba que poco tardó la madre en querer hacer el supuesto camino que había hecho su hija. Y así, la García dispuso inmediatamente todo lo que conllevaba su partida y empezó a deshacerse de sus pertenencias. Vendió cuatro o cinco cabezas de ganado de su propiedad, y aún hubo de traspasar la sierra en dirección a tierras de Montederramo, para cobrar 30 reales en la casa del Abad de Paredes, que era el precio de una casa que la mujer había vendido a la criada del administrador de Os Milagros.
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