REBORDECHAO, PUNTO CERO
Corrían los últimos meses de 1843, quizá los primeros de 1844, cuando, como queda dicho, Romasanta empezó a asomar por Rebordechao. Nunca se consiguió establecer la fecha con la debida concreción, aunque “ O do Unto” negó que lo hiciera huyendo de la justicia y aseguró desconocer que había sido juzgado en rebeldía. Cuando Romasanta empezó a ganarse a aquellas gentes contaba 34 años. Habían transcurrido más de 9 desde la muerte de su esposa, casi tantos como llevaba recorriendo los caminos de El Bierzo, Castilla y Santander con su tienda ambulante.
La reaparición de Romasanta en la montaña ourensana fue lenta, sigilosa y cauta, quizá demasiado para, como él decía, no huir de nada ni de nadie. Tampoco su retorno a la venta ambulante se produjo de inmediato, sino unos dos años después, dos años que empleó en ganarse a los paisanos con sus mañas, sus muchas y variopintas habilidades, desde las mujeres del lugar hasta el mismísimo cura de Rebordechao.
Marcado esta especie de “punto cero” en su vida, Romasanta había decidido en 1846 volver a la venta ambulante. Pero lo hizo también de una forma progresiva, de vez en cuando para ganarse unos reales, combinando todavía los quehaceres propios del rural consustanciales a su vida ahora sedentaria. Además, al contrario de la etapa anterior, los viajes del tendero tenían principio y final, punto de partida y de retorno, Rebordechao, y, con ello, Romasanta vecindad. Lo peor estaba de camino a partir de aquí. |