RECREACIÓN DE LOS PRINCIPALES ESCENARIOS DE LA HISTORIA DE BLANCO ROMASANTA EL HOMBRE LOBO DE ALLARIZ: UNA VISIÓN DESDE LA PSIQUIATRÍA ACTUAL
 


 
 



      NACIMIENTO Y PRIMEROS AÑOS DE ROMASANTA


      Regueiro es uno de esos tantos pequeños pueblos de la provincia de Ourense en los que da la sensación que hace ya tiempo que no pasa nada. Aquí llegamos para dar con el paradero del nacimiento de Romasanta no sin antes errar en nuestro propósito. Todavía sigue escrito en alguna publicación Folgoso como “patria” natural de “El Hombre Lobo” de Allariz.
      Nunca como aquí alcancé a comprender la distancia que existía entre la realidad y la leyenda. Siglo y medio me sigue pareciendo que no es tiempo suficiente como para recordar tan poco. En Regueiro no queda ni un solo vestigio oral de que aquí naciera Romasanta. Esgos, a donde pertenece Regueiro, está plagado de romasantas. Pero también lo está Castro de Laza, aquel a donde pertenecieron seis de las que la justicia estableció que fueron víctimas de Romasanta. En todo Esgos y en su Regueiro natal da la sensación de que se rehuye todo lo que pueda relacionar a las gentes y al lugar con aquel de tan infame recuerdo.
      Como quiera que fuera, el 18 de Noviembre de 1809 nació aquí Manuel Blanco Romasanta, aquel que fuera “O Home do Unto”. Regueiro dista poco más de un kilómetro de la capitalidad del municipio, Esgos. Pertenece a la feligresía de Santa Eulalia, cuya parroquial se encuentra en el mismo Esgos.

 

      “...nasceu no ano 1810, no lugar do Rigueiro, fregresía de Santa Baya d´Esgos, a unhas duas leguas e media d´Ourense e tres d´Allariz”.
      (...nació en el año 1810, en el lugar de Rigueiro, feligresía de Santa Baia de Esgos, a unas dos leguas y media de Ourense y tres de Allariz)
      VICENTE MARTÍNEZ-RISCO AGÜERO, DEL DISCURSO LEÍDO A SU INGRESO EN LA REAL ACADEMIA GALLEGA: EDITORIAL MORET, LA CORUÑA, 1971

 

      Dar con el lugar en el que había nacido hacía poco más de siglo y medio aquel del que tanto había oído contar como "O Home do Unto", "O Sacamanteigas", " O Lobishome", "O Lobo da Xente", "El Hombre Lobo"..., me producía la extraña sensación que produce tener al alcance de la mano la fantasía, bajar a la realidad la leyenda, humanizar al monstruo.
      Por contra, constatar como cuanto más nos acercábamos al lugar y certificábamos el hallazgo más se distanciaba el propio Regueiro de la historia, la leyenda y el propio hecho, confieso que acabó por producirme una considerable decepción.
      Aunque lo más sorprendente aún estaba por llegar.

      En su discurso de ingreso en la Real Academia Galega, Vicente Risco establecía que “...nasceu no ano 1.810, no lugar do Rigueiro, fregresía de Santa Baya d´Esgos, a unhas duas leguas e media d´Ourense e tres d´Allariz”. En cada uno de los juzgados por los que Romasanta iría pasando desde su detención en Nombela, provincia de Toledo, el de Regueiro no negó que fuera aquí donde viniera al mundo más que cuando creyó poder evitar todavía el peso de la justicia haciéndose pasar por otro que no era Manuel Blanco Romasanta. Devuelto a su verdadera identidad, ya nunca más negó su Regueiro natal.
       Parecía claro que éste y no otro era el lugar. Pero era necesario encontrar la definitiva prueba del hecho, su partida de nacimiento.
      Recuerdo perfectamente que empleamos en la tarea una semana y que a punto estuvimos de abandonar. Tal y como aseguraba el propio Romasanta, el 18 de noviembre de 1809 "el infraescrito Abad de Santa Eulalia" bautizó, según él, a una niña a la que puso por nombre Manuela, que no Manuel, hija de Miguel y de María, ambos vecinos de Regueiro, y ella Manuela Blanco Romasanta.
      Fue preciso recomponer la maraña de fechas y hechos, bautismos, comuniones, confirmaciones, matrimonios e incluso muertes -la de su esposa-, para lograr establecer que la tal Manuela era en realidad nuestro hombre, como que era "aquella" que el 26 de abril de 1825 recibía la confirmación junto a dos de sus hermanos, José y Antonio, de manos del mismo "infraescrito Abad de Santa Eulalia" de Esgos.
      Había bastado con añadirle una "a" a la partida de nacimiento de Romasanta. El fin justificaría los medios, qué era esto comparado con la mala reputación que a la feligresía y a Esgos le reportaba semejante engendro como Romasanta, "El Hombre Lobo" de Allariz.
Seguro que aquello tuvo mucho que ver con el olvido al que Regueiro y todo Esgos condenó a Romasanta a perpetuidad.

      A partir de ahí estaba claro, la transmisión oral no iba a funcionar porque no existía, nada sabríamos de su niñez ni de su juventud. Nada que necesariamente no tuviera que pasar por los libros de los curas. Vicente Risco establece, más producto de supuestos lógicos que de la constatación de hechos, que “Con seguranza que foi xa de pequeno cando deprendeu a facer cordas e peneiras, que é traballo que s´adoita n-aquela terra, ond´os homes son cordeiros e peireiros...”.

 

      (Con seguridad que fue ya de pequeño cuando aprendió a hacer cuerdas y cedazos, que es trabajo que se adopta en aquella tierra, donde los hombres son cordeleros y cedaceros...)
      
VICENTE MARTÍNEZ-RISCO AGÜERO, DISCURSO DE INGRESO EN LA REAL ACADEMIA GALLEGA: EDITORIAL MORET, LA CORUÑA, 1971

 

      Porque no, se le puede suponer igualmente un "rapaz" feliz como lo habrían sido todos los que lo fueran.
      El 3 de Marzo de 1831, aquella “niña” a la que “el infraescrito Abad” había puesto por nombre Manuela contrajo matrimonio con Francisca Gómez Vázquez. Halló la moza Romasanta bien cerca de su Regueiro natal, en Soutelo, otra pequeña localidad también de la feligresía de Santa Eulalia de Esgos. Romasanta contaba 21 años, el matrimonio había de durar poco.
      Sin hijos y solamente tres años y veinte días después, Francisca moría por causas que se desconocen. Era el 23 de Marzo de 1834, el mismo mes de la boda.
      Tras un entierro que oficiarían cinco sacerdotes, solo quedaron de la mujer de Romasanta sus restos mortales en el atrio de una iglesia parroquial que guarda celosamente los únicos vestigios documentales del matrimonio, y veinticinco misas que a Dios se dijeron en los días siguientes al del óbito por el alma de la mujer de “O Home do Unto”.

      Es a partir de aquí cuando Esgos y su Regueiro natal pierden definitivamente la pista de Romasanta. Por perder pierde Romasanta hasta su oficio, hasta ahora sastre.
      A partir de aquí, aquel que ya siere se presentará como viudo y sin hijos pasa a ser "de profesión Tendero", y con su tienda ambulante se abre a innumerables caminos que irán mucho más allá de los valles de Maceda y de Conso, de las sierras de San Mamede y O Invernadeiro. Más allá de la provincia ourensana e incluso del Reino de Galicia.
      Caminos que conocerá, aprenderá y acabará manejando con la maestría de un lobo.