El Norte y el Sur

 
  
 
  Ahí abajo, al Sur, está la valla.
Aquí arriba, al Norte, la prosperidad, El Dorado. Eso creen ellos.

Ahí abajo, al Sur, cientos de africanos se estrellan contra la valla. Cada día son más los que lo intentan, los que fracasan, los que logran traspasarla. Y los que mueren en el intento.
Aquí arriba, al Norte, se mira al asunto desde la distancia. Desde la lejanía se nos ocurre sólo que subir la valla y reforzar la vigilancia del perímetro será suficiente. Como si aunque lo consiguiéramos fuera justo y sirviera para resolver el problema.
A los del Norte, que somos los de abajo de entre los de arriba, España, los de arriba-arriba nos piden (acaso acaben por exigirnos) que pongamos coto a la avalancha africana. Es la consigna de Europa y la misión de España, el tapón africano, un así como “a vosotros os toca, que nadie os tiene la culpa de que estéis dónde estáis...”
Y ellos, los del Sur, ¿dónde están?...
África ya no empieza en Despeñaperros, vamos mejorando. Y Ceuta y Melilla ya no son sólo plazas españolas en el continente africano, sino avanzadillas de Europa en la ardua tarea de contener la irrefrenable necesidad de esas gentes, los del Sur, por matar la hambruna y la miseria de su desgraciada existencia. He aquí la misión. Porque los inmigrantes de hoy en España serán mañana los de Europa, los del resto de Europa, los de todos los países de una Comunidad que no olvidemos que se inspiró en tratados eminentemente comerciales y de prosperidad, y que se llamaba hasta hace poco Comunidad Económica Europea. El Norte es el Norte, cada vez más Norte, aunque ahora se llame Unión Europea y se intenten disfrazar los principios que un día la inspiraron.
Menuda misión que los de arriba-arriba nos han asignado. Y nos acabarán, insisto, por exigir: “controlad a esos, que no se escape uno...”, uno dentro penaliza, fondos europeos si es necesario para reforzar el perímetro de seguridad del Norte...
Menuda misión que el Norte nos ha dado a nosotros, precisamente, que aún no hace mucho también buscábamos ese Norte para redimir nuestras miserias, ¿lo recordáis?, cuando nuestras aldeas se quedaban sin hombres que decían nuestras abuelas que habían ido al Norte en busca de todo. Entonces estábamos al Sur, y Despeñaperros más arriba, en los Pirinéos por lo menos.
¿Qué era el Norte entonces?. Lo contrario que el Sur. Entonces igual que hoy, el Norte era un concepto tan abstracto como ambigüo, igual que las injusticias del Régimen no ocurrirían nunca si aquí estuviera Fidel en el sitio de Franco o mandara el comunismo, sin que nadie supiera exactamente qué ocurría en Cuba o en Rusia.
Al Norte fuimos y entonces el Norte no nos trató tan mal. O sí, a saber, pero nos dejó ir. Y nos dejó estar. Y ahora eso ha cambiado. Aquel Norte que nos acogió y aún nos acoge, ahora nos exige que los límites entre la prosperidad y el bienestar y la miseria y la necesidad de comer no bajen más abajo, que África no suba, que el africano no entre.
Obviamente este es el problema del Norte pero no es ninguna solución para el Sur.
Eso está tan claro como nuestra misión, hacer de tapón.
 
 
  
 
 
  
 
 
Octubre de 2005