Geriátricos, caciques y cómicos

 
  
 
  En la labor tantas veces estéril y poco agradecida de conseguir que el coto no se le caiga a pedazos, me llegan noticias de que Baltar le va a poner a “o fillo da costureira” de Molgas un par de habitaciones en las casas de la estación del ferrocarril. Así Moncho Borrajo podrá retornar cuando quiera a la tierra de la madre que lo trajo al mundo sabiendose querido y deseado por el gran cacique ourensano. Ahí es nada.
Quizá a Baltar se le haya ocurrido que es una forma de captar el interés por lo ourensano, recursos alternativos para esta provincia por la que en raras ocasiones se llega a interesar una empresa o algo que realmente pueda generar verdadero interés, vida en síntesis. Algo así como que el ourensano vuelve siempre a casa y si no quiere habrá que traerlo. Algo que pueda desembocar en una especie de osario, santuario de célebres a los piés del de Los Milagros al que igual que llegan en los primeros días de septiembre los devotos del fervor mariano llegarán todos los veranos los nostálgicos de lo rancio.
En realidad Baños de Molgas da el perfil, un lugar al que ya en su día llegó un veterinario del ilustre colegio de lo propio de Santander para acabar haciéndose cargo de la hija del balneario primero y luego del balneario, y en el que se perdía a los pocos días del 23-F un general del contubernio de la Operación Galaxia al que se buscaba en Madrid mientras él comía truchas plácidamente con un senador popular y aventajado pescador en un local de Baños de Molgas, de camino precisamente a las habitaciones del hijo de la costurera.
Todo esto bien contado, adecuadamente “vendido“, podría acabar captando el interés por lo insólito y lo genuino, una especie de turismo del esperpento, por ejemplo. Como cuando uno de aquí adscrito al Ministerio de Administraciones Territoriales alquilaba un primer piso de su destartalada casa al Concello de Baños de Molgas para Consistorial, arriba los concejales y abajo las vacas de Darío Álvarez Vences, que así se llamaba el adscrito al ministerio socialista, y aún la Diputación de Ourense, siendo presidente Victorino Núñez, le adjudicó al técnico de Paseo de la Castellana una novilla de raza selecta. El ministro era Tomás de la Quadra y el ínclito tenía una en su tierra.

Con todo ello es posible concluir que rebuscando entre los entresijos y hurgando en las vísceras de lo genuinamente galaico podrían hallarse las potencialidades de esta tierra. De esta y de otras cuyos distintos problemas desembocan en una misma realidad, su escasa capacidad para generar recursos, la nulidad de los que gobiernan para lograrlo y la resignación con que sus gentes se entregan a envejecer y a morir.
Aquí Baltar y en cualquier otro lugar el cacique de turno, convierten a estos territorios en “cotos” de jubilados y ancianos a modo de geriátricos abiertos. Despensas conservaduristas del voto de Fraga, por ejemplo, más por pura inercia que por convicción, una especie del voto que se va muriendo pero que a duras penas logra mantener siquiera las constantes vitales, al que basta con azuzar cada vez que llega el momento, cualquier cita con las urnas, con estupideces como que cualquier cabrón que no sean ellos acabaría por robarles la pensión y entubarlos para siempre.
En estos osarios de voluntades heridas de muerte, a los tipos como Baltar se les acaba de ocurrir que no estaría de más invitar a “ilustres” como Moncho Borrajo para redondear el perfil de enorme geriátrico en régimen abierto que ya alcanzan estos territorios.
 
 
  
 
 
  
 
 
Marzo de 2005