Un clon de Baltar

 
Por PEPE D.
 
 
 
 
28 de ENERO de 2012: OURENSE DIXITAL

Guste o no, Baltar ha cerrado este 27 de enero un cuarto de siglo de vida de esta provincia. En el Salón de Plenos del Pazo Provincial, la mañana de este viernes había demasiados jóvenes como para alcanzar a comprender hasta donde llega la sombra del pequeño Baltar.
Cuando era el gran muñidor de Coalición Galega le llamaban o enano. A Amador Vázquez, el milímetro, nunca le gustaron las bromas de Baltar con la estatura dos pequenos. Por mucho que se empeñara el gran muñidor en explicarle que no es que ellos fueran pequeños, é que estamos moi concentrados, Amador.
A Mouriño tampoco le gustan esas bromas, por eso se las hace.

Atrás quedan tiempos de Baltar sentado en los escaños rasos del equipo de Victorino Núñez cuando Eulogio Gavela era el portavoz del Gobierno, y Suárez Canal y Maria del Carmen Lovelle daban caña por un tubo. Por mucho que a los de ahora pueda disgustarles, Baltar sabe que aquella oposición era bastante más dura de pelar. Incluso con Disgustín Vega. Pero luego el enemigo pasó a vivir en casa (lo digo por Baltar, porque a Agustín también le pasó).

En la sede de Progreso del PP, Baltar llegó después de las épocas tormentosas de los Tejada-Lovelle-Gómez; casi como un bálsamo tras los procedimientos de aquel que cambió a las tantas de la noche, rayando con la madrugada, de camino a la Junta Electoral (David Ferrer Garrido) la lista que acababa de anunciar a los medios de comunicación; y aquel otro (Antonio Pol) que asumió que su paso por la presidencia del PP ourensano eran tan efímera y circunstancial que si a me dicen que tengo que ir a barrer la sede de Carballiño, voy y barro la sede de Carballiño.
Con Baltar llegó la guerra de boinas contra birretes, que fue una forma más fina de querer decir pueblerinos contra señoritos. Los camisas viejas de AP pronosticaron que duraría poco, pero el centrista no venía para asonadas estériles, cambiazos golpistas a medianoche o barrer la sede de Carballiño. Y duró mucho más de lo que muchos querían y todos pronosticamos.

Su partido le indicó que no quedaba muy bien que el candidato a la Deputación de Ourense encabezara por Nogueira de Ramuín, así que se trasvasó a la capital. Quizá por eso sus intervenciones en un pleno del Concello de Ourense pueden contarse con los dedos de una mano. Dio la sensación que quiso dar, que lo rural y él no encajan en lo urbano, y que a Cabezas nunca lo tragaría.
Ni tampoco su catecismo fue el de Fraga. De Fraga eran Victorino y Gabino, el alcalde de Manzaneda. Él y Pepe (Cuiña) estaban donde non queda máis remedio, Pepe.
A lo mejor consiguió hacerse a los dictados de don Manuel, pero don Manuel no consiguió que fuera a Verín a convencer a Jiménez Morán de que dimitiera porque se lo había pedido un muy amigo de don Manuel que luego resultó ser un tal Roberto V. Cría cuervos y traga bilis, cuando ahora el socialista le espeta un pero ese non era un muy amigo teu...
A eso debe referirse Baltar cuando dice que le dijo a su hijo que la política no compensa. Cuando aquel amigo suyo se convirtió en su peor enemigo y el Congreso de la sucesión le costó más de lo que nunca pudo imaginar.

En una sociedad con tan poca, poquísima, memoria histórica, Baltar se va ya tan lejos de su principio que difícilmente es posible recapitular sobre sus virtudes y sus pecados. De estos últimos, algunos han permanecido inalterables, como la oficina de colocaciones en que convirtió todo aquello que tocó. Por mucho que asegure haber llegado a la conclusión de que un enchufado dache 20 enemigos e un desagradecido. O se había hecho masoca o es mentira.
Y hemos cometido la torpeza de haberlo dejado escapar sin antes haberlo clonado.

Porque si de algo estoy seguro es de que Baltar no ha durado 44 años en política y 22 como presidente de la Deputación de Ourense si los ourensanos no lo hubiéramos querido.
Si Baltar ha sido así es porque esta provincia lo ha querido. Descarto que un sólo Baltar se haya proyectado en miles y miles de ourensanos como en las películas uno de esos alienígenas se engendra en miles de terrícolas. Tiene que haber sido la mayoría de nosotros los que empatizamos con el cacique bon que siempre nos dijo que era.

No se me ocurre aún para qué deberíamos haberlo clonado. Es decir, qué podríamos hacer el día de mañana con el clon. Es posible que nada. Simplemente mirarnos en él cuando hayamos cambiado lo suficiente, para recordar que un día fuimos así.
Porque si algo es más que probable es que el personaje es irrepetible

peped@galipress.com  

 
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