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Si algo está claro, como lo estaba ya sin haber empezado hace mucho tiempo, es que esta campaña iba a ser larga. Es decir, iba a proyectarse mucho más antes de lo que marcaban las propias fechas, la llamada precampaña. Era tan previsible como lógico.
Menos a los que tuvieron la manija del Concello durante estos últimos doce años, a todos los demás les interesaba como al aspirante le interesa siempre que el partido dure lo más posible. Justo lo contrario del que aspira a retener lo que ya tiene, al que le bastaría con que todo esto durara lo que un suspiro.
Es una cuestión casi de catón, pero parece que es preciso recordarlo a tenor del montón de sorprendidos que estos días aparecen por ahí omnubilados por una campaña, según ellos, diferente a las demás. No señor, no la fue. O al menos tanto.
Socialistas y nacionalistas ya lanzaron la campaña el último día del mes de enero, cuando presentaron los 14 primeros de la lista. La diferencia de tácticas en el manejo de los tiempos entre éstos y los populares, lo pone a las claras el hecho de que los de Poly presentaron la lista públicamente después de haberla presentado ante la Junta Electoral: la presentaron en la Junta el 18 de abril, y públicamente el jueves, 19 de abril. Es decir, dos meses y medio después de que avanzaran lo sustancial de las suyas BNG y PSOE.
Los indicadores de que ésta ha sido una campaña muy larga también para los de Troitiño y Valcarce, no hay que buscarlos tanto en esto como en la intensidad de movimientos que tuvieron que hacer sus líderes tanto para acabar de conformar su alternativa como para hacerse notar. En el caso de los de Terra Galega se consumieron muchas jornadas en conseguir la máxima implantación posible en la provincia, para conseguir al final una lista más que tuviera en las anteriores locales Coalición Galega, pero bastantes menos de la que había soñado Valcarce, una treintena.
Si en los tiempos de la campaña ha habido muy pocas novedades y sorpresas, tres cuartos de lo mismo en los métodos y estrategias. A no ser el BNG.
Que los de Troitiño recalarían y abundarían en los barrios estaba tan cantado como que Valcarce con su Terra Galega iría directo al boca a boca, al cuerpo a cuerpo con el potencial votante. Desde un principio estaba claro que ambas fuerzas tendrían que ganarse el voto a pulso, contándolo uno a uno, en una especie de sumas de tienda de barrio los primeros y de abrazo al viandante los de Valcarce y aquí te pillo y aquí me votas.
Cuando la campaña dio el pistoletazo de salida la misma noche del jueves, 10, también estaba cantado que los populares cambiarían el chip, de paso y de ritmo, y se echarían a los mítines casi como posesos, que es lo que tiene por costumbre este Baltar que no sale a menos de tres mítines por jornada de campaña electoral, sean locales, autonómicas o nacionales.
Si acaso en esta ocasión la campaña de los populares en la ciudad registró una mayor implicación de toda la candidatura de Poly, no sólo el cabeza de cartel, desperdigados por cuanta asociación de vecinos cabía visitar y cuanto acto electoral fue posible. La suya ha sido una campaña corta, limitada a los 15 días de la campaña propiamente dicha, pero tremendamente intensa y trabajada.
La de los socialistas de Francisco Rodríguez presumiría, si acaso, de una meticulosa organización. El staff del candidato socialista tuvo siempre presente que la campaña de estas locales tendría que combinar habilmente tres frentes: uno de ellos los refuerzos exteriores que, a su vez, se desglosaban en los de Galicia y los de Madrid; otro los actos sectoriales, dirigidos selectivamente a colectivos profesionales o sociales tan concretos como específicos; lógicamente sin descuidar los mítines, tercer frente, que la mayoría de los días despachó el candidato socialista a dos por jornada. Quizá no haya sido una campaña impecable, pero, independientemente de los resultados que al final son los que marcan el éxito o el fracaso de todo, ha sido una campaña muy medida, trabajada y siempre fiel a un guión establecido de antemano.
Lo cual no quiere decir que haya habido que improvisar, en todas las casas hay contratiempos. También los ha habido en la del BNG, en demasiadas ocasiones relativos a la falta de aforo e interés por sus actos.
La campaña de los de Sánchez Vidal ha vuelto a dejar mucho que desear. El BNG tiene precedentes en esto desde que lo conduce Alexandre, la de hace cuatro años ya se distinguió por lo mala que había sido. Y esta no le anduvo lejos.
Lo que al candidato del BNG le mola el autobús es inversamente proporcional a su pasión por los mítines de barrio, por ejemplo. La media del nacionalista de mítines diarios puede andar por el 1,5, a lo sumo dos en contadas jornadas, las más uno y para de contar. Entre las previsiones despachadas a los medios de comunicación se incluían los debates en emisoras igual que las asistencias a Santiago para alguna entrevista televisiva, como si por el hecho de decirlo subiera la cotización del paisano en la cantina del pueblo.
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