|
|
|
Renovar el voto |
|
 |
| 13 DE MAYO DE 2007 |
 |
|
|
|
La campaña electoral parece distinta según se trate de la ciudad o de la provincia, según se trate si acaso de esa media docena de municipios cuyos censos están por encima de los 10.000 habitanes, o de esos ochenta y poco concellos donde el voto es preciso ganarlo o renovarlo en las plazas de sus pueblos, en bares mugres y en mítines en los que sobran los discursos grandilocuentes y se le habla de tú a tú al paisano, al votante, a sólo un puñado de ellos porque la cosa no dá para más que para una especie de reunión de amigos, votos que en realidad están seguros o casi unos comicios tras otros, y venga un cervezas y a ver si nos arreglas esto o aquello otro...
Sin embargo, en cualquiera de los casos se trata más de la forma que del fondo por distintos que parezcan. En realidad el fondo es el mismo.
Aquí, en la ciudad, el candidato del PP, Enrique Novoa, sigue pensando que "nos jugamos la alcaldía por unos cuantos votos, la cosa está por poco", dice. |
|
|
|
|
| Las encuestas, en las que uno cree bastante poco, siguen reflejando un alto índice de indecisos, no menos de un 30% de los encuestados que viene a ser una tercera parte del censo electoral. Es decir, no menos de 84.000 votantes sobre un censo de electores residentes de 281.160. Obviamente 84.000 votantes son demasiados como para que las encuestas sirvan para mucho. Pero yo no creo que haya 84.000 ourensanos indecisos sino miles y miles empecinados en no confesar un voto que desde hace años tienen arrendado a un partido independientemente de quién sea el candidato. Es probable que lo que haya sean 84.000 no confesos, pero dudo mucho que haya 84.000 indecisos y menos que, si los hubiera, fueran a votar todos y destrozar por completo las encuestas. Pero este no es el caso que me ocupa hoy, sino otro día llegado el momento.
El caso en cuestión es que en esta provincia el voto se renueva más que se conquista.
De los mítines hace tiempo ya que ha desaparecido la figura del mitinero, la oratoria de los candidatos ha empobrecido hasta cotas alarmantes, el carisma apenas puede ser más que un vago recuerdo, no hay discursos de ruptura y cualquier propuesta de este tipo corre el riesgo de no ser mínimamente creíble. Ni siquiera los que parten desde la oposición hacen ascos a mensajes continuistas, como si estuvieran orgullosos de no haber ganado una y más veces antes y la derrota de hace cuatro años sirviera ahora para ganar.
En los mítines difícilmente se ganan votos. La mayoría de los que van a los mítines tienen su voto decidido, nada se cuestiona, todo está bien y aplaudirían el discurso del candidato aunque enmudeciera de repente.
Y luego están esos bares de pueblo y cantinas de aldea donde la renovación del voto aparece en estado puro. Donde el político sólo precisa acudir para renovar el voto como ese amigo de toda la vida te visita cuando el seguro está a punto de expirar. Y son tantos votos como la suma de los botellies de cerveza, los cafés y alguna que otra copita hay sobre la barra del local. No es tanto lo del voto cautivo como que no vá más, que todo el pescado ya está vendido.
|
|
|
|
|
En realidad estos lugares son los espacios más vitales estos días de nuestra envejecida provincia. Puede incluso que los únicos realmente vitales. Forman parte nuestra, de Ourense, de nuestro decorado y de nuestras gentes, en la vida y en la muerte.
A esos pueblos, aldeas, plazas e incluso bares acude el político estos días sin el menor rubor. Como en su día la familia del muerto los incluyó en la retahíla de paradas del omnibus mortuorio con esa cantinela casi obligada de remate de necrológica: "acompañando al cadáver, con paradas donde sea necesario y con regreso a la terminación". |
|
|
| |
Y luego están esos bares de pueblo y cantinas de aldea donde la renovación del voto aparece en estado puro. Donde el político sólo precisa acudir para renovar el voto como ese amigo de toda la vida te visita cuando el seguro está a punto de expirar. |
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|